La historia de Murcia está
estrechamente ligada al agua. Al estar ubicada en una zona semiárida,
con escasas lluvias, el aprovechamiento del agua del Segura ha
resultado vital para el desarrollo de la ciudad. Desde la Edad
Media hasta el mismo día de hoy los murcianos se han preocupado
por obtener, conservar, repartir y utilizar racionalmente un bien
tan preciado.
La infraestructura hídrica
hecha de piedra y rodeada de cañas, desde el siglo IX de
nuestra era por obra y arte de los artífices musulmanes.
Este enclave deviene en el verdadero corazón del sistema
de acequias de nuestra vega, se remonta a la época musulmana,
pero en los siglos posteriores se ha ampliado y mejorado el sistema
de riego, permitiendo el desarrollo de una extensa huerta desde
Javalí a Beniel.
El punto clave es el Azud
o Contraparada, junto a Javalí Viejo, de donde parten las
dos acequias mayores: Alquibla, que distribuye el agua por el
heredamiento sur, y Aljufía, que riega el heredamiento
norte.Acequias menores, brazales y regaderas llevan el agua a
todos los rincones de la huerta.
Hoy en día, la Contraparada
es uno de los muchos parajes histórico-culturales de la
huerta a rescatar del olvido. No tenemos que buscarla muy lejos,
pues se encuentra a tan solo unos pocos kilómetros, no
más de quince, río arriba desde la ciudad y siguiendo
la margen derecha, pudiéndose llegar en bicicleta mientras
se disfruta de un paisaje todavía bastante parecido al
que podían contemplar las gentes de la vega hace ya muchos
años.