| La denominación de
ésta pedanía, como afirmaba Díaz
Cassou, no tiene nada que ver con “... la existencia
en nuestros montes de la cerdosa caza.....”, y no porque
en él se matase jabalí alguno, sino por que
está situado donde concluye el valle y principia el
monte, y a los montes llamaban los árabes yabalí.
En este sentido Vallvé Bermejo hace
derivar el nombre de Yabal- Ayl, “monte del ciervo”,
y Bernal Segura indica que “... procede
de la voz arábica yabelíí ó yabalíí,
dos formas aceptadas con el significado de montañés
ó montaraz”.
Como señala Abelardo
Merino, el lugar conocido como el “Jabalí”
ya es citado en el siglo XIII con motivo
de los repartimientos de tierras realizados tras la conquista
de Murcia por los ejércitos cristianos. Dicho lugar,
al igual que otros situados en la huerta, dependía
de la jurisdicción de la ciudad, incluso en lo eclesiástico,
no contando ninguno de ellos con parroquia. Muchos fueron
asignados a un solo propietario que, en algunos casos, llegó
a hacer vínculo de transmisión, pasándose
fácilmente del mayorazgo al señorío.
Concretamente el Jabalí pertenecía a los Cervatos,
citándose por el Licenciado Cascales
a doña Mencía de Cervatos “Señora
de la Aldea de Jabalí”, como propietaria del
lugar hacia finales del siglo XIV.
Javalí Viejo
también comenzó a conocerse como el Lugarico
debido a que, según nos cuenta Emilio Sánchez
Baeza, numerosas partidas de recepción de
Sacramentos existentes en los archivos parroquiales de Javalí
Viejo y La Ñora “.... empiezan con este tenor:
En el Lugar de D. Pedro Carrillo de Albornoz,
Señor de Javalí.....”, convirtiéndose
el término Lugar en el más corriente de Lugarico.
No obstante, será en el siglo XV cuando
junto al nombre de Javalí aparezca el calificativo
de Viejo, para distinguirlo del Nuevo, que, en el siglo citado,
fue fundado al otro lado del río por don Diego
Carrillo.
Según Emilio
Sánchez, a mediados del siglo XVI
las tierras que conformaban el Javalí Viejo se las
repartían tres propietarios : D. Pedro Carrillo
de Albornoz, D. Martín Ruiz de Quiros
y D. Gómez Carrillo de Albornoz Riquelme,
siendo el mayorazgo del primero el mas extenso al comprender
todas las lomas secanas del norte de la pedanía, el
casco del actual poblado, con su casa solariega de la calle
Corredera, así como las tierras de cultivo de los parajes
de Ventosa, Camino del Pinar, parte de la Cañada y
Provincias. Tiempo después la mayoría de estas
tierras pasaron a los señores de Fontes.
El mayorazgo de D. Martín Ruiz de Quirós ocupaba
parte de los que es hoy la hacienda de Torre Felices.
En el año 1.545, concretamente el 18 de octubre, tuvo
lugar una de las riadas mas devastadoras del Segura y del
Sangonera que, según documentos de la época,
se llevó por delante el lugar de “Jabalí”.
No obstante esos desastres, en el censo de 1.587 se constata
que en el lugar residían una 50 familias.
En la Relación
de la jurisdicción que comprende el Corregimiento de
la ciudad de Murcia de 1.713, Javalí Viejo es considerado
un lugar de huerta que en 1.768 llegará a tener 126
vecinos (unos 472 habitantes), alcanzando a partir de 1.785
la consideración de Lugar de Realengo con Alcalde Pedáneo.
En los inicios del siglo
XIX su población se cifra en 522 habitantes,
aumentando a 720 a mediados de dicha centúria, período
en el que, según Pascual Madoz, la
pedanía la conforman 186 casas, que se distribuyen
en 6 calles y 1 plaza, así como con una iglesia bajo
la advocación de la Purísima Concepción
que es aneja de la parroquia de La Ñora. En esta época
sus tierras eran en su mayoría de secano y unas pocas
de riego cerca del río, “... sobre el que hay
dos barcas, una para pasar a Alcantarilla y otra al Javalí
Nuevo”. También nos detalla este autor que en
los cabezos situados al norte de la pedanía se extendían
grandes cantidades de pimientos para su secado, destacando
también la importancia de la producción agrícola
(trigo, maíz, verduras, pimientos), la elaboración
del pimiento molido y la producción de seda. Según
datos aportados por Emilio Sánchez Baeza, en el padrón
parroquial realizado por el sacerdote D. Pedro Benito
García en 1.870, se constata que Javalí
Viejo estaba constituido por unas 10 calles (Rambla, Mayor,
Rosario, La Plaza, Aperadores, S. Justo, S. Francisco, Manchego,
Corredera, S. Antonio, Extramuros, Cuevas y Huerta), 8 cuevas
ó casones, 22 casas extramuros y 28 en la huerta, contando
con 239 vecinos (1.036 almas).
Ya entrados en el presente
siglo se detecta entre los habitantes de Javalí Viejo
un primer movimiento migratorio centrado entre los años
1.918-1.920, en los que gran número de familias deciden
trasladarse mayoritariamente hacia tierras catalanas (Sabadell,
Barcelona, Mataró, Tarrasa, etc..) y sur de Francia.
No obstante en 1.920 son 1.364 los habitantes con los que
cuenta la pedanía, denotándose un crecimiento
demográfico constante que lleva a los 1.660 habitantes
de 1.930. A mediados de siglo se produce una segunda oleada
migratoria, en este caso hacia países del norte y centro
de Europa, aunque la población mantendrá su
ritmo de crecimiento, tal como demuestran los 2.084 habitantes
de 1.950, que se incrementarán hasta los 2.427 de 1.961.
A partir de este momento se produce un cambio de sentido y
comienza un descenso en la demografía que llevará
hasta los 2.044 habitantes de 1.996.
La mayor parte de su
población activa se emplea en el sector servicios,
seguido de la industria manufacturera, encontrándose
mas alejadas las cifras de personas que se dedican a la construcción
y la agricultura. La riqueza agrícola, manifestada
en el cultivo de limoneros y hortalizas, ha perdido su primacía
a favor de la actividad industrial, aunque la paralización
de la Fábrica Nacional de Pólvora del Ejército
ha incrementado el índice de paro.
Cuando se habla de Javalí
Viejo ha de hacerse especial mención a varias construcciones
existentes en la pedanía cuyo valor histórico
es incuestionable. Una de ellas es la citada Fábrica
de la Pólvora, a la que popularmente se le
conoce como Molino de la Pólvora,
por cuanto la fábrica se instaló en el llamado
Molino Alto, construido hacia 1.635 por D. Francisco
de Berástegui y Lisón, siéndole
incautado por R. O. de 1 de julio de 1.747 para la construcción
de la citada factoría, la cual fue adquiriendo importancia
a lo largo del tiempo, lo que hizo necesario su continua ampliación.
El 19 de diciembre de 1802 se hizo cargo de la fábrica
el Arma de Artillería, produciéndose nuevas
ampliaciones en 1.857, 1.916, 1.931 y 1.955-59. Otra construcción
es el Azud de la Contraparada ó Sangrador,
que según Díaz Cassou debió construirse
“... por los años 961 a 976, durante el reinado
de Alnakem y señorío de su
sobrino Abdalla”. Esta presa eleva
el agua del Segura y la vierte en las dos acequias mayores
- Aljufía y Alquibla - que, a su vez, la distribuyen
por toda la huerta de Murcia a través de un complejo
entramado de acequias menores, acequietas y canales. La siguiente
obra es una noria construida en 1.652 en la hacienda conocida
como Torre de los Felices, cerca de la cual
está el Puente de las Ovejas que tradicionalmente
era utilizado por el ganado trashumante para cruzar el río
Segura. Por último hemos de referirnos a su iglesia
parroquial, de cuya primera construcción no se tienen
noticias salvo que estaba dedicada a la advocación
de la Purísima y que a mediados del
siglo XIX fue restaurada gracias a la aportación
económica de D. Joaquín Fontes de la
Reguera. Dicho edificio fue derribado para construir
el actual templo en 1.955.
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