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La Fábrica de la Pólvora

 

Origen de la Fábrica de la Pólvora. Año 1633 (Siglo XVII)

La actual ubicación de la fábrica de pólvoras tiene su origen en el molino que a finales de 1633 instala en un salto de agua de la acequia de la Aljufía, Don Francisco Verastegui y Lison (Señor del Palmar), aprovechando la libertad de fabricación de pólvora que en ese año promulga la Real Hacienda. El lino se encontraba ubicado en tierras del Mayorazgo de Javalí Viejo, del que era propietaria su mujer Dª. Guiomar Carrillo de Albornoz.

Imagen actual de la Fachada de la Fábrica Nacional de Pólvoras en Javalí Viejo

Poco se sabe del molino hasta que en el año 1671, al volverse a la situación de estanco en la fabricación de pólvora, se arrienda al asentista Don Francisco Hurtado por 3.000 reales anuales de renta. A partir de ese momento el molino de Javali Viejo estará a cargo de sucesivos arrendatarios hasta 1747. En ese año, vista la pésima calidad de la pólvora de guerra y que los asentistas no podían cumplir con sus compromisos de suministro, hace que el Estado decida convertirse en fabricante. Así por Real Orden de Io de Julio de 1747 la Real Hacienda se incauta del molino de Javali Viejo, llamado también alto o nuevo y de otros dos situados cerca de la Ñora. Ambos molinos pasaran a constituir las Reales Fábricas de Pólvoras de Murcia, nombrándose veedores (controladores) de la producción de pólvora de guerra, cargo que recaerá en oficiales del Cuerpo de Artillería. En otro orden de cosas, el 29 de mayo de 1751, Don Juan Francisco Carrillo de Albornoz, propietario del Mayorazgo de Javali Viejo por aquel entonces, consigue del Marqués de la Ensenada que se le pague un censo de 1860 reales anuales por el molino que se le expropio el 1 de julio de 1747 y además con efecto retroactivo a la fecha de incautación.

En 1789 se producirá la primera ampliación de los molinos del Javali Viejo al adquirirse, esta vez por compra, un terreno para construir el primer edificio de oficinas y viviendas con que contarán los molinos. Consistía en dos pequeños pabellones para el administrador y el sobrestante y se adornaba la fachada con un escudo de piedra. Fue diseñado por el arquitecto Don Manuel de la Ballina y construido por Don Lorenzo Alonso Franco. Se derribaría al construir el actual edificio principal en 1862.

El período comprendido entre 1747 a 1802, fecha en la que acabará la administración directa de la Hacienda, estará marcado por fraudes, desordenes y falta de potencia de la pólvora. Ante esta situación hacia 1790, el Gobierno enviará una comisión de oficiales de artillería, entre los que se encontraba el entonces Coronel Don Tomas de Moría, para que visiten las fábricas de pólvoras europeas. Vuelta la comisión, a Moría se le nombrará inspector general para el ramo de las pólvoras, con la misión de poner orden en este sector. Recorrerá los molinos existentes en España y emitirá un informe del que principalmente interesa la decisión de que los molinos de Murcia sean los encargados exclusivamente de fabricar pólvora de guerra y que sean dirigidos por el Cuerpo de Artillería. La elección la hará sobre la base de la proximidad de la Salitrería -Refinería de Murcia, las minas de azufre Hellín, así como la abundancia de agua. Decide que para su mejor organización y economía, las fabricaciones deben reunirse en un solo lugar, prefiriendo los molinos de Javali Viejo a los de la Ñora. Entre otras cosas porque los primeros estaban bien comunicados, mejor conservados y rodeados de tierras eriales más fáciles de adquirir para sucesivas ampliaciones. Introduce también el concepto de seguridad, tanto para las personas como para los edificios. De ahí el sugerir que no se trabaje de noche, arbolado, merlones, etc.

Fábrica de Salitre ubicada en Murcia, precedentemente de la Fábrica de Pólvoras de Javalí Viejo

 

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